La Difícil Tarea de Educar

Cuando fui madre por primera vez, hace ya bastante tiempo (no diré cuánto para no revelar la cantidad de años de mi primera hija, jaja!!) me dí cuenta en ese momento, que “Ser Padres” es la única carrera en la que primero uno se gradúa y luego empieza a estudiar. Y las pruebas y experimentos, se hacen con seres vivos!!!!! Y esos seres vivos, además, tienen sentimientos y vienen al mundo con todas las capacidades en blanco y nos los entregan para que nosotros, sí, nosotros, seres imperfectos, los eduquemos.

Vaya reto. Creo, firmemente, hoy más que nunca, luego de haber finalizado la crianza (no estoy segura) de mis tres hijas, participado en la de mis cuatro sobrinos, espiado la de muchos hijos de amigos y hoy, mirar con un catalejo la de mis nietos, que muchas parejas, antes de proceder a la concepción, deberían pensárselo aunque sea un poco y sobre todo, hacerse muchas preguntas, en cuyas respuestas, seguramente encontrarían la llave para seguir o no adelante con ese proyecto.

Os preguntaréis, cómo es que se me ha ocurrido escribir sobre este tema. Vale. Os cuento. A partir de tener la tarea de madre “semi cumplida”, uno va por el mundo con otra visión, entonces, comparto, veo, observo e imagino, al igual que nos ha pasado a todos cuando hemos sido padres, lo difícil que es ubicarse frente a esta tarea de educar, que por algo la llamo difícil. Pero que por difícil que sea, una vez que nos metemos en ella, la tenemos que llevar adelante y adecuarnos, sobre todo a la época en la que vive el niño y en cómo prepararlo para el futuro que le tocará compartir.

Y cuál es la conclusión a la que llego: pues que lo que de verdad interesa para relacionarse, esa capacidad de manejo de nuestras emociones, esa preparación para sortear obstáculos, ese saber estar con otros, entendiendo que hay otros en el mundo y que no somos nosotros el eje de todo, esa tolerancia que nos lleve a aceptar la pluralidad en la que vivimos, ahí, radica la dificultad.

Y esto, va más allá de las buenas maneras, aunque también. Y los padres, muchas veces, sin saber qué hacer o qué actitud tomar frente a situaciones similares. Aparte de desalentador, es una pena que seguramente, tendrán que aprender con la experiencia el sabor amargo del fracaso relacional, que conlleva al fracaso profesional.

Educar, es un proceso. Un proceso que exige paciencia, tiempo, esfuerzo continuo, sin tener seguridad en resultados exitosos, pero lo que sí puedo decir, es que si se es perseverante en esta tarea, el éxito llega y llega, acompañado de lo más maravilloso, que es la trascendencia a través de los hijos de nuestros hijos.

A veces , suele pasar que uno se desorienta, que no sabe lo que es mejor para ellos, que teme ser demasiado rígido o demasiado permisivo, pero para eso, hay un ingrediente que no falla: el “sentido común”. Habrá que hacer un gran esfuerzo para lograr una educación coherente y adecuada para cada uno de nuestros hijos, seguramente es la mayor prueba de nuestra vida adulta, pero realmente, vale la pena. Antes que nada, nuestros hijos han de ser un disfrute y al final, cuando ya la tarea esté realizada, un orgullo de haber contribuido a que sean personas de bien.

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